Los “house poor” de Corea, otra víctima de la especulación inmobiliaria y el crédito barato

La reurbanización y el mercado de la reconstrucción de viviendas fueron un negocio de lotería.

Los apartamentos de más de 30 años de antigüedad identificados con “riesgo de colapso” eran recibidos con júbilo por sus propietarios. Cientos de municipios con edificaciones viejas fueron arrasadas por bulldozers como si se trataran de barrios palestinos, pero con la diferencia de que aquí contaban con la connivencia de los propietarios deseosos de sustituir sus viejas casas por apartamentos modernos con todas las comodidades de la vida urbana a la que se le sumaba la reurbanización de la zona con nuevas instalaciones y servicios públicos. Esta condición, puso el precio de las nuevas propiedades por las nubes haciendo que otros municipios hirvieran en deseos de participar de la especulación inmobiliaria para enriquecerse. Fue el inicio de una nueva forma de “fiebre del petróleo”.

Fue un negocio que desde sus inicios se había alimentado de sueños de “dar el gran pelotazo”, pero la realidad cayó frente a ellos en forma de intereses que no podían hacer frente. Gente que había vivido tranquila en sus viejas casas, de repente estaban sentadas sobre una montaña de deudas. Lo cierto es que hasta hace unos años, el incremento continuado del precio de la vivienda compensaba el riesgo, y de hecho fue un buen negocio, pero desde la crisis mundial del 2008, no sólo no se puede revender el piso con una plusvalía, sino que el precio está bajando. El globo de la especulación se está deshinchando.

¿Desde cuándo han vivido en apartamentos los coreanos?

Tras la Guerra de Corea, para reactivar la economía se apostó por la construcción de viviendas. La forma más económica de proporcionar viviendas a gran escala fue la construcción de pequeños apartamentos, en los que el uso del espacio y recursos era más eficiente. Pero en los inicios, fue complicado convencer a la población de que vivieran en viviendas que estaban tan juntas las unas de las otras; les parecía extraño. Para convencerlos utilizaron a las celebridades del momento junto con condiciones muy ventajosas para conseguir un crédito hipotecario. Poco a poco, se fue gestando la idea de que una persona que vivía en uno de estos modernos apartamentos, era una persona adinerada y con estudios. Así es como empezó el boom inmobiliario en Corea: una simbiosis entre el gobierno y las constructoras que financiaban la construcción de nuevas viviendas con el crédito que obtenían los compradores, y que éstos luego sacaban un rédito al revender los pisos a un precio superior al de compra, todas las partes salían enriquecidas. Pronto se instaló en la clase media una forma de amasar patrimonio a base de ir cambiándose de piso cada cierto tiempo, cuando la vivienda en la que estaban se revalorizaba, se mudaban a otra más grande y más cara con un nuevo crédito. El apartamento se convirtió en una especie de “ascensor de la felicidad”, el nuevo símbolo de la prosperidad entre los coreanos.

Tras la burbuja inmobiliaria, la casa ha desaparecido y sólo quedan las consecuencias de la  especulación.

En el pasado, invertir en nuevas viviendas dejaba un enorme beneficio. Las consecuencias sólo las pagaban unos cuantos, aquellos a quienes el gobierno expropiaba  sus terrenos para realizar nuevas construcciones, los demás, el gobierno, las constructoras y aquellos compradores que podían acceder al crédito lograban unos beneficios récord. El precio de los pisos no dejaba de crecer. Todo aquel que pudo se lanzó a adquirir una propiedad. Era una locura, como en tantos otros lugares del Planeta, se decía que el precio de los pisos no podía bajar y que seguiría creciendo.

El colapso de la burbuja inmobiliaria no se puede evitar. Hay que cambiar el paradigma para seguir viviendo.

Cuando la economía y la población crecían vigorosamente, las políticas liberales del gobierno no representaban ningún problema, se podía seguir estimulando la economía porque la creciente demanda podía absorber toda la oferta, lo que empujaba los precios al alza. Pero en el presente, la continua disminución de la población reduce la necesidad de más viviendas, al mismo tiempo que cada vez hay menos gente con capacidad para endeudarse. La deuda de las familias coreanas representa el 146% de su PIB, lo que limita tanto su nivel de consumo como su capacidad de incrementar ese nivel de deuda. Tal es el panorama actual, que se ha acuñado el término “house poor” para referirse a aquellas personas que han comprado un piso a crédito y no les llega para llegar a fin de mes.

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Cuando crece la población hacen falta más viviendas para las nuevas familias – Trending Koreadisminución_poblaciónCuando las parejas empiezan a tener un solo hijo, las necesidades de viviendas para la siguiente generación disminuyen. Sobran casas y pisos – Trending Korea

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