Safari fotográfico por el templo budista de Jogyesa

Estaba yo de compras, para variar, por el barrio de Insadong –que como sabréis de anteriores safaris, se trata de un barrio turístico que conserva los encantos de la “vieja Corea”– y me llamó la atención un individuo bajito de metro cincuenta, calvo y vestido con un atuendo gris que desentonaba con el colorido de los turistas. Se dirigía con paso firme y decidido hacia no sé dónde, pero me intrigó tanto su determinación que decidí averiguarlo por mí mismo. Lo seguí, no como hacen en las películas de espías, sino como quien caza leones en la selva, haciéndole fotos. Al rato me sorprendió con una mirada furtiva dándose la vuelta, me quedé congelado como por arte de magia, luego me sonrió amablemente y, de nuevo, aceleró el paso. Finalmente, llegamos al que dicen que es el templo budista más grande de Corea, el templo de Jogyesa.

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Cuando llegamos a Jogyesa perdí el rastro del pequeño monje, ni una pista que pudiera indicarme en qué edificio se encontraba, y es que dentro del recinto del templo, existen diversos edificios con diferentes funcionalidades. Estuve tentado de entrar en la tienda del templo, que estaba estratégicamente situado a la izquierda de la entrada. No me contuve, es lo que tiene el ser un shopper compulsivo. Pero me llevé una decepción, creo sinceramente que tienen que mejorar su merchandising, no es broma, porque venden productos de merchandising religiosos, pero el diseño deja mucho que desear y tienen que mejorar también en la calidad de los acabados. Encontrarte figuritas de santos budistas o bodhisatvas “made in China” como que le quitan brillo.

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Al salir de la tienda me topé con una construcción imponente de madera teñida de rojo, con el típico tejado coreano que se parece mucho a los típicos tejados chinos, en otras palabras, un templo. Sí, pero el templo más grande del recinto, y alto, porque para acceder al interior tienes que subir unas escalinatas. Un detalle, el de las escalinatas, que define su estatus dentro del complejo religioso. Fuera por esa razón o no, el caso es que el lugar estaba a rebosar de gente. Todo gente mayor, mujeres ancianas en su mayoría, apenas almas jóvenes como la mía. Dentro, estaban en pleno ritual, un monje con micrófono en mano, nos hechizaba con un cántico esotérico que me re-equilibró los chakras. Un sonido gutural casi metálico, parecido al que emiten los cantores mongoles. Súper relajante, toda una experiencia religiosa.

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No os lo creeréis, pero estaba contemplando los tres budas absorto en el cántico cuando de repente se sienta a mi lado un pequeño monje, viejo, calvo, vestido de gris… vamos, como la mayoría de mojes. La primera impresión fue que se trataba del mismo monje que me trajo hasta el templo y luego desapareció, pero quién lo podría asegurar, se parecen todos tanto… En fin, se trate de la misma persona o no, le doy las gracias por haberme traído a este lugar. Reconozco que no era un destino dentro de mi ruta, a mí me van más los templos del consumismo (los grandes almacenes), y si algún guía me lo llega a insinuar hubiera creído que me quería llevar a la Comarca a ver el estreno del Hobbit.

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Al salir, bajando las escalinatas observé a mi izquierda un comportamiento inusual proveniente de un hombre de mediana edad vestido de negro, de la cabeza a los pies. Con sólo esta descripción pensaríais que se trata de un talibán, pero como podéis apreciar en la foto, es simplemente un inofensivo “salaryman” coreano (un oficinista). Traje de rayas diplomáticas y camisa blanca, juraría que viene de una entrevista de trabajo y ahora le pide ayuda a los dioses para que todo le sea favorable. Lo que está haciendo, como se ve en la foto, es encender una vela que previamente ha comprado en la tienda del templo, y luego junta las dos palmas de la mano, inclina ligeramente la cabeza hacia el frente y murmura algo inteligible para mis oídos (aunque me lo imagino). Pero no dispongo de esas imágenes porque quería respetar el momento de intimidad de esa persona. Lo que también me llamó la atención fue esta especie de sarcófago de granito, el cual han llenado con dos dedos de agua y sobre el que se encienden las velas. Estéticamente no se complementa con el resto de edificios, probablemente se trate de un añadido posterior.

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Si os habéis quedado con ganas de visitar este lugar os dejo la dirección web del templo de Jogyesa donde podréis consultar su programa de actuaciones o reservar un guía para la visita:

http://www.jogyesa.kr/

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